Portada

 
Misterios del mundo  hispano
 
Eventos culturales
 
Para profundizar
Artículos y análisis
Cuentos y poesía
Traducciones
 
Música y cine
Deportes
 
Entrevistas
 
Tylko po polsku
 
Índice
Redacción
Enlaces
 

La revista on-line dE estudiantes, licenciados y profesores de la facultad de Filología Hispánica de Poznañ


 

agregame a favoritos|contacto


Internet Espejismo

"Wiliam Wilson": 

una lectura circular

  

Julio Zepahua

Universidad Veracruzana de México

©2006

 

Edgar Allan Poe se ubica sin duda entre los más grandes cuentistas de la historia. Sus narraciones, trágicas, lúgubres, no desentonan con la vida del autor, al grado que su existencia misma parece salida de una de sus narraciones.

 

Nacido en Boston, en 1809, Poe se ve marcado por la tragedia desde el inicio. Su padre, David Poe, actor de origen irlandés, desaparece en 1810 sin volver a saberse de él nunca más. Sólo un año después, Elizabeth Poe, madre de Edgar y actriz como su desaparecido esposo, muere a causa de tuberculosis.  Habiendo vivido en la pobreza casi total, la vida del pequeño Poe da un favorable giro cuando es adoptado por una familia rica que le da el apellido Allan. Pero la comodidad le dura poco. A sus 18 años, su padrastro lo echa de la casa y nunca más lo vuelve a apoyar económicamente, ni bien le deja algo en herencia. Desde ese momento Edgar Allan comienza una vida disipada repleta de altibajos emocionales y en compañía de una pobreza y alcoholismo que nunca logra superar. El 7 de octubre de 1849, entre alucinaciones, Poe muere.

 

Si bien la vida de Poe es truculenta, sus cuentos no se quedan atrás, pues, además de contener esa atmósfera sombría propia por antonomasia del autor, el entretejido que se encuentra debajo de cada texto es de calidad magistral. Estas características pueden observarse en William Wilson1, protagonista de un cuento que lleva por título el mismo nombre.

 

Afín a la mayoría de los cuentos de Poe, William Wilson posee un narrador homodiegético2, herramienta que da al texto una mayor verosimilitud al nivel de emisor, pero lo carga, en contraste, de ambigüedad al nivel del receptor: el narrador es testigo de lo que sucede, pero está en juego la veracidad de su palabra. Esta modalidad de narrador, le permite también no sólo contar la historia, sino intentar analizarla, dar una explicación racional a los sucesos que le ocurren. 

 

Sin embargo, William Wilson se presenta a sí mismo como una persona que desde siempre ha tenido una realidad no completamente clara, duda de sus sentidos, de su razón, y de la forma en que éstos lo han conducido: 

 

Verdaderamente ¿No habré vivido en un sueño? ¿No muero victima del horror y el misterio de la más extraña de las visiones sublunares?

Desciendo de una raza cuyo temperamento imaginativo y fácilmente excitable la destacó en todo tiempo; desde la más tierna infancia di pruebas de haber plenamente heredado el carácter de la familia.3

 

Es por esta razón que, cuando en su juventud escolar William Wilson conoce a “otro” William Wilson, puede dudarse de la sanidad del narrador, más aún cuando poco a poco, los dos William comienzan a confundirse uno con otro:

 

Copiar mi modo  de vestir  no le era difícil; mis actitudes y mi modo de moverme pasaron  a ser suyos sin esfuerzo, y a pesar de su defecto constitucio-nal, ni siquiera mi voz  escapó a su imitación. Nunca  trataba,  claro está, de          imitar mis acentos más fuertes, pero la tonalidad general de mi voz se repetía exactamente en la suya, y su extraño susurro llegó a convertirse en el eco mismo de la mía.4

 

Cuando el otro de William Wilson apunta cada vez cada vez más a ser él mismo, el narrador deja la escuela y le es posible dudar del testimonio de sus sentidos. A partir de allí, el narrador se entrega a una vida de “miserable libertinaje”5. Es entonces cuando el verdadero aspecto de lo que “el otro” es en realidad se hace presente: En los momentos de más deshonestidad, de más inmoralidad en los que cae el protagonista, “el otro” de William Wilson se aparece para detener las acciones que se antojan como el punto de quiebre, el punto sin retorno de una vida disipada. “El otro” de William Wilson es su conciencia, aquella que le impide realizar los actos más ruines que está a punto de cometer. 

 

A pesar de la intención de Wilson de elucidar una respuesta, no la encuentra, no logra responderse quién es ese ente que lo sigue por el mundo frustrando sus actos más ruines. Y no tan irónicamente, en la conducta de su conciencia él ve una detención del libre albedrío: “¡pobre compensación para los derechos de un libre albedrío tan insultantemente estorbado!”6. Así pues, en un fiesta de disfraces, Wilson asesina al que cree su enemigo, pero al voltear, sólo alcanza a ver un espejo devolviéndole su imagen ensangrentada, sólo hasta ese momento el protagonista acepta al otro como suyo: “el otro”, dejando de susurrarle, le dice con su misma voz que al matarlo también ha muerto él.

 

Sin embargo, para argumentar que el narrador sí cae en cuenta de que se ha asesinado a sí mismo al asesinar a su conciencia, debemos hacer una lectura cronológica, y de esta forma, el final de la narración nos lleva al inicio de la misma, al hacerlo, nos recibe un epígrafe con la palabra conciencia en mayúsculas, y más abajo a un William Wilson que comienza a hablar desde un punto posterior a la vivencia de lo relatado, un William Wilson que siente culpa, arrepentimiento, vergüenza, sentimientos que no había tenido gracias a su misma conciencia, pero habiéndola asesinado, la culpa y el remordimiento se vierten a él.

 

Podría pensarse que habiendo terminado con la autoridad que su conciencia tenía sobre él –habiendo terminado la historia donde termina la narración-, William Wilson tendría el camino libre para las acciones que antes le fueron reprendidas. Sin embargo sucede todo lo contrario, al observar la hoja primera.

 

La conciencia es, entonces, imperecedera, no puede ser eliminada, puede ser evitada, pero nunca suprimida. El hombre no sabría existir sin la noción de lo bueno y lo malo, sin el poder de discernir lo que lo hace honorable de lo que lo hace vil.

 

 

---------------------------------------------------

1Poe, Edgar Allan. “William Wilson” en Cuentos Completos volumen 1, Pról. Y Trad: Julio Cortazar, Villicaña, México, 1983

2 Pimentel Luz Aurora. El relato en perspectiva, Siglo XXI editores, México,1998

3Poe, Edgar Allan. “William Wilson” en Cuentos Completos volumen 1, Pról. Y Trad: Julio Cortazar, Villicaña, México, 1983

4 Idem pp. 52-53

5 Idem p. 56

6 Idem p. 62

 

Bibliografía

Pimentel Luz Aurora. El relato en perspectiva, Siglo XXI editores, México, 1998.

 

Poe, Edgar Allan. “William Wilson” en Cuentos Completos volumen 1, Pról. Y   Trad: Julio Cortazar, Villicaña, México, 1983.