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Las mujeres de Poe

 

Miriam Heila Reyes Núñez

Universidad Veracruzana de México

©2006

 

…y reposo, en la noche embellecida,

con mi siempre querida, con mi vida;

con mi esposa radiante Annabel Lee

en la tumba, ante el mar, Annabel Lee.

E. A. Poe

El cuento es una de las manifestaciones literarias más antiguas que se conoce. Desde que el hombre tuvo acceso a la palabra oral, el cuento comenzó a tener una función totalmente social. Inicia una necesidad inherente de contar acontecimientos, experiencias e historias. Con el tiempo aparecen los mitos y las leyendas de los grupos populares, considerados ya como los umbrales del cuento. Esta tradición es rescatada en textos escritos a partir de la época medieval, lo que se consagra durante el Renacimiento con algunos grandes personajes como: Bocaccio, Rabelais, Chaucer, Marguerite de Valois, Don Juan Manuel, entre otros.

 

Sin embargo, es hasta el siglo XIX cuando empieza a considerarse al cuento como género literario. Da inicio su estudio como una parte importante en la historia de la literatura. Así, el cuento moderno tiene como representante a Edgar Allan Poe, especialmente porque fue el primer teórico del género. Para él, el cuento se rige bajo principios muy firmes. Su teoría del cuento se encapsula en tres rasgos: la brevedad, unidad de efecto o intención y la dominante de una sola anécdota.[1]

 

Los temas recurrentes en los cuentos de Poe reflejan aquellas obsesiones del mismo autor y su visión del mundo y de la vida, una visión sombría. Sus relatos giran en torno a personajes masculinos. Sin embargo, cabe hacer notar que en algunos aparece un elemento que proyecta y encierra gran parte de la sensación que envuelve el ambiente “poetiano”[2]: la figura femenina.

 

Lejos de ser simples personajes puede decirse que las mujeres de sus cuentos contienen el ideal artístico de Poe, es decir, son su poesía; poseen un enigma que rebasa las fronteras de sus escritos y, por qué no, son el depósito de varios fragmentos de su singular existencia.

 

En este trabajo se llevará a cabo una somera descripción, así como una posible interpretación de la presencia de la mujer en los relatos algunos relatos como “Morella”[3], “Berenice”[4] y “Ligeia”[5].

 

La constitución física de los personajes femeninos en estos cuentos es muy importante. En todas ellas se encuentra una belleza “extraña” –característica que también caracteriza a la obra literaria de Poe: “La pura literatura de horror pertenece a lo extraño […]”[6]–, que cautiva fuertemente debido a su naturaleza enigmática, así, la presencia de esta figura sobrenatural que impacta los sentidos en primera instancia, es uno de los requisitos indispensables en las historias de Poe; aunado a esto se puede hablar de la juventud que también se presenta en los personajes. Rasgos destacados en el Romanticismo alemán: “El Romanticismo alemán quizás haya sido una de las fuentes de los temas desarrollados por Poe, pero su vida personal tuvo mucho que ver […][7]. Sin embargo, es muy difícil situar en una corriente a este autor tan singular, el clasificarlo, sería limitar y empobrecer su importante creación literaria.

 

Dentro de los textos, una facción importante en el rostro de las mujeres de Poe son los ojos. Un ejemplo se ubica en “Ligeia”: “Eran aún más redondos que los más redondos ojos de gacela de la tribu del valle de Nourjabad”[8], “Y en tales momentos era su belleza –quizá lo parecía sólo a mi exaltada imaginación– la belleza de los seres que están arriba o aparte de la tierra, la belleza de la fabulosa hurí de Turco”[9]. Dato que nos remite a las fabulosas huríes[10], aquellas hermosas vírgenes creadas, según los musulmanes, para ser compañeras de los devotos en el paraíso, o sea, son una especie de Náyades –figura también mencionada en otras historias del norteamericano–. No obstante, lo que atrae la atención es que los ojos de una hurí son tan negros como los de una gacela, referencia que se conecta con el carácter místico que ambas figuras tienen. Es muy difícil no perderse en su mirada, tan profunda como el abismo y por ello tan oscura como el destino de ellas mismas, quienes parecen ser absorbidas por semejante intensidad que se escapa de su dominio; en suma, lo inquietante es el misterio que manifiestan: “lo extraño que he encontrado en los ojos […] se debe, al fin y al cabo, a la expresión”.[11]

 

Realmente es poco lo que se enuncia acerca de las características corporales de ellas, ya que se centra mucho más en el rostro y quizá un poco en las manos, sobre todo en la sensación que despiertan al tacto –generalmente frío– como se puede ver en “Morella”: “El contacto de sus manos pálidas y frías […][12]”. Parece que la mayor atención centrada en el rostro se debe a la expresividad que guarda y su proyección en pocas palabras. Este el propósito del estadounidense en sus cuentos: configurar algo que tenga la capacidad de atraer la atención para poder robarse al lector y proporcionarle la dosis deseada de terror en el momento necesario: “[…] la mayoría de sus narraciones invoca el terror; una atmósfera de misterio, la inquietud de lo desconocido, para estremecernos en lo más profundo de nuestros corazones.[13]

 

Ahora, hablar de belleza inmortal en las mujeres de Poe es hablar no de la exuberancia ni de la perfección física, sino de la sublimidad que logran suscitar con tan sólo un rasgo ya sea visible o no; o tenido por ellas o por puesto por el narrador. Quien en ellas percibe esa virtud no puede nunca más ignorarla, tiene que hacer lo posible por conquistarla y tenerla para siempre. Sin embargo, cuando esa belleza es la orquestadora de las más tremendas inquietudes y en el momento en que éstas se tornan pesadillas, deviene la perturbación para los hombres: “Por entonces el misterio que emanaba de mi esposa llegó a causarme una sensación de agobio como un mal hechizo”[14]. De este modo, es posible observar la ausencia del sentimiento amoroso hacia ellas por parte de los sujetos de las historias. O bien, ellos alguna vez las amaron, o nunca las amaron: “Más allá de este amor intenso pero “normal” por una mujer, la literatura fantástica ejemplifica diversas transformaciones del deseo. La mayor parte no pertenecen verdaderamente a lo sobrenatural, sino más bien a lo “extraño” social”[15]. Sea cual sea el caso, todas ellas están malditas y pareciera que estar con alguna de ellas sería igual a permanecer al lado de la misma muerte; todas son tan etéreas que inquietan el alma de cualquiera; tienen el tacto frío y poseen una singular voz, grave y melódica, como en “Ligeia”: “[…] su belleza singular y, sin embargo, plácida, y la penetrante y cautivadora elocuencia de su voz profunda y musical […][16]”, que hipnotiza de la misma manera que las sirenas a los marineros en La Odisea.

 

El hecho de que se haga poca alusión a las demás partes del cuerpo puede deberse también a la cualidad fantasmal que reside poderosamente en ellas, o el factor muerte que las rodea, en “Berenice” se encuentra marcado por la figura avasalladora de los dientes: “[…] y aún seguía, enterrado en la meditación, y aún, el fantasma de los dientes mantenía su terrorífico dominio sobre mí, a medida que flotaba por entre las cambiantes luces y sombras de la cámara con la más vívida y horrenda claridad[17]”. Otra muestra contundente es la de Lady Madeline de “La caída de la Casa Usher[18]”, quien aparece casi a manera de invocación, pero suave sin dejar de ser perceptible: “En tanto que hablaba, lady Madeline […] pasó por un lugar apartado de la habitación y desapareció sin fijarse en mi presencia[19]”. Además, las mujeres eran una especie de visiones, ya sea por el sueño o por el consumo del opio que varias veces es mencionado en los textos por el narrador, como en el caso de “Berenice”: “Las realidades del mundo me afectan como visiones, y como visiones solamente, mientras que los locos pensamientos de la tierra de los sueños se convertían, a su turno, no en el alimento de mi vida diaria, sino en mi vida misma”[20].

 

Paradójicamente, las mujeres de Poe están más vivas al momento de su muerte: “la verdadera belleza de esta mujer consiste en su tez cadavérica”[21], tal como la necrofilia. Puede decirse que se vuelven omnipresentes, inundan el ambiente con su enigmática esencia y taladran la conciencia, así como los sentidos del personaje con el que se relacionan, incluso también perturban al mismo lector. Todo esto proviene del deseo de vivir que cada una de ellas manifiesta, y es que en realidad ninguna se entrega a la muerte, tal reticencia se observa en la última sentencia en vida de “Ligeia”: “El hombre no se doblega a los ángeles ni se entrega por entero a la muerte como no sea por la flaqueza de su débil voluntad”[22]. El momento del fallecimiento no es sino el corolario de las metamorfosis que experimentan a lo largo de los distintos cuentos: la enfermedad modificó el espíritu de Berenice y sacó a la luz el fantasma, la doncella de “El retrato oval” se marchita para convertirse totalmente en la muerte y Lady Madeline aparenta desvanecerse para volver y condenar a su hermano.

 

Finalmente, es pertinente decir que en “Berenice”, de manera muy especial, Poe da un indicio de cómo aborda a la mujer en sus relatos:[…] ella había flotado ante mis ojos y yo la había visto, no como la viviente y tangible Berenice, sino como la Berenice de un sueño; no como un ser de la tierra, corpóreo, sino como la abstracción de ese ser, no como una cosa para admirar, sino para analizar; no como un objeto de amor, sino como un tema de la más oscura e irregular especulación.[23]

 

Así: “Poe representa un ángel exquisito que se debate en lucha mortal dentro de un ambiente de vulgar materialismo, con la única posibilidad de salvación en fugarse hacia esas regiones místicas de la Belleza, que tantas veces vislumbró, sin jamás lograr expresarlas con el «poder de las palabras»”[24]. Poe deja impregnados, en cada una de sus mujeres, sus mejores sentimientos y el reflejo de muchas de sus experiencias amorosas, sean o no, enfermedades psicológicas o males achacados al autor mismo. Y para cerrar este trabajo, leamos unas palabras del autor: “Escribe Poe en una carta: «Después de todo, las grandes cosas son sensacionales. Si alguna vez te ahogas o te ahorcan, no olvides anotar las sensaciones: valdrán una guinea por cuartilla»”.[25]

 

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[1] Notas tomadas de la cátedra Crítica literaria I: Surgimiento del cuento moderno, impartida por el Mtro. Mario Muñoz, como parte del plan de estudios de la licenciatura de Lengua y Literatura Hispánica de la Facultad de Letras Españolas de la Universidad Veracruzana.

[2] No es un término procedente de la palabra poeta, al contrario, es un adjetivo que desglosé del apellido de Poe. Me tomé la libertad de hacerlo para este trabajo y sin el previo conocimiento de su existencia.

[3] Edgar A. Poe: “Morella” en Edgar Allan Poe: cuentos, pp. 105-114. 

[4] Edgar A. Poe: “Berenice” en Narraciones Extraordinarias, pp. 37-50.

[5] Edgar A. Poe: “Ligeia” en Narraciones Extraordinarias, pp. 51-74.

[6] Tzvetan Todorov: Introducción a la literatura fantástica, p. 40.

[7] José Rodríguez Feo: Temas norteamericanos, p. 69.

[8] Edgar A. Poe: Narraciones Extraordinarias, p. 54.

[9] Ibid.

[10] http://abcdioses.noneto.com/arabia/diosesAr/huries.htm.

[11] Edgar A. Poe: Narraciones Extraordinarias, p. 55.

[12] Edgar A. Poe: Edgar Allan Poe: cuentos, p.109. 

[13] José Rodríguez Feo: Temas norteamericanos, p. 66.

[14] Edgar A. Poe: Edgar Allan Poe: cuentos, p.109.

[15] Tzvetan Todorov: Introducción a la literatura fantástica, p. 102.

[16] Edgar A. Poe: Narraciones Extraordinarias, p. 53.

[17] Ibid., p. 46.

[18] Edgar A. Poe: “La caída de la Casa Usher” en Narraciones Extraordinarias, pp. 109-134. 

[19] Edgar A. Poe: Narraciones Extraordinarias, p. 117.

[20] Ibid., p. 39.

[21] Tobin Siebers: Lo fantástico romántico, p. 204.

[22] Edgar A. Poe: Narraciones Extraordinarias, p. 56.

[23] Ibid., pp. 43-44.

[24] José Rodríguez Feo: Temas norteamericanos, p. 70. 

[25] Ibid.

Bibliografía

Poe, Edgar A. Edgar Allan Poe: cuentos. México, Ediciones Oasis. Colección Literaria Server: El mundo moderno, 1968, 120 pp.

Poe, Edgar A. Narraciones Extraordinarias. México, Editores Mexicanos Unidos, 1978, 460 pp.

Rodríguez Feo, José. Temas norteamericanos. La Habana, Letras cubanas, 1985, 100 pp.

Siebers, Tobin. Lo fantástico romántico. México, Fondo de Cultura Económica, 1989, 268 pp.

Todorov, Tzvetan. Introducción a la literatura fantástica. México. Premia Editora. 1981, 138 pp.

http://abcdioses.noneto.com/arabia/diosesAr/huries.htm.