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La revista on-line dE estudiantes, licenciados y profesores de la facultad de Filología Hispánica de Poznañ


 

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 Imagen Radial

 

 

 Elva Eloísa Bermúdez Olivera

Universidad Veracruzana de México

©2007

 

1. Introducción

 

De la misma forma en que una línea plasmada sobre cualquier soporte  debe su existencia a los espacios vacíos que la limitan, el hombre toma forma gracias al mundo que lo circunda, haciendo así una unidad. Igual a un cuadro o escultura trazados por líneas y espacios vacíos, el hombre se encuentre en un contexto social formado por acciones, hechos, circunstancias, fragmentos históricos que van formando un acervo de colores que pintan este paisaje contextual cuyo personaje en primer plano sigue siendo él. Así se plasman en la línea histórica un día, un mes, un año, una década… un siglo. El siglo XIII es el lienzo en el que le Edad Media se inscribe; un tiempo de diversidad cultural, de cambios de mentalidad constantes, de guerras y conquistas territoriales, mentales y espirituales; sin duda alguna, la Edad Media se distingue por la búsqueda de la unidad de todos estos elementos y uno de los instrumentos más importantes para lograrlo es la religión, el cristianismo.

 

La cultura Medieval tuvo sus bases en la escuela trasmisora de la tradición latina y el entendimiento del latín por parte de las personas cultas, estos factores permitieron un constante intercambio de ideas, las cuales tenían un trasfondo religioso. Un conglomerado de significados sostenidos en un significado central, Dios. No obstante Dios sólo puede ser nombrado a través de símbolos o imágenes que llevan su nombre, pero  hasta su nombre mismo, significa por él… el origen de todo. De esta forma, lo divino es nombrado a través de símbolos y representado por imágenes con un gran potencial de significados. Las pinturas, las esculturas, la iglesia misma es un lienzo lleno de ellos.

 

Debido a lo anterior, este trabajo se aventura en la búsqueda de imágenes plásticas  que se encuentran presentes en los milagros escritos por el poeta Berceo en su obra Los milagros de nuestra señora[1], con la finalidad de mostrar que en los distintos milagros hechos por el autor existe una imagen plástica previa perteneciente al arte de su época, que da forma a dichas descripciones. Para llevar a cabo este análisis tomaré como cuerpo de estudio el milagro número XIV de La imagen respetada, y el número XXI  de la Abadesa preñada. Es  necesario para ello,  volver los pasos sobre el arte que se presentaba en los edificios e iglesias medievales, así como definir los elementos plásticos más utilizados por lo artistas de aquél entonces y sus posibles significados tanto fuera como dentro de la obra de Berceo.

 

2. Contexto plástico histórico

 

2.1. El arte y el arte  religioso en la Edad Media

 

Si se desglosa la dichosa unidad de la mentalidad del hombre medieval, se encontraría dos concepciones del mundo, medidas de su realidad: el macrocosmos y el microcosmos y la analogía de estos la base de todo simbolismo; el hombre puede contemplar a Dios a través de la naturaleza; la naturaleza es pues un diccionario lleno de símbolos que sirven para representar lo que no existe, como lo dijera César González Ochoa “… A través de lo visible, de lo material, se expresaba el espíritu, lo invisible… La naturaleza era, pues, símbolo del mundo invisible, y su contemplación podía revelar ese otro mundo superior al cual no era posible llegar directamente sino sólo a través de lo visible…”[2]

 

Lo único de esta analogía que Edad Media conserve de la antigüedad es la concepción del orden del cosmos, entendido como un riguroso orden jerárquico que no sólo se refleja en su organización política sino también en la religión, una prueba tangible de ellas se encuentra en las obras de arte que se encuentra en los edificios religiosos. No obstante antes de comenzar con la descripción de este arte, es necesario dar un breve recorrido por el arte medieval.

 

A comienzos de la Edad Media se presenta el arte bizantino, que es la fusión del arte griego, romano, oriental y cristiano; este se divide en tres etapas que son:

 

1.- La    edad de  Oro (527-566): durante el imperio de Justiniano; en esta etapa se originan las luchas de los iconoclastas (726-843), donde se destruyen y prohíben las obras figurativas.

2.- La 2ª edad de Oro (867-1057): en esta etapa adquieren importancia la pintura sobre tabla  y la miniatura.

3.- La 3ª edad de Oro (1259-1453)

 

La evolución del arte en este periodo es: tendencia simbólica, carácter histórico, y  tras la crisis iconoclasta una fase dogmática.

 

En la Baja Edad Media se encuentra la raíz del arte gótico; las construcciones está estructuradas con bóvedas de crucería y arcos apuntados que el hombre medieval construye con el fin de estar más cerca del cielo. El arte se vuelve naturalista; las esculturas góticas son dinámicas y expresivas tan parecidas a la realidad que alcanzan cierto tinte de realismo. Por su parte, la pintura abandona las paredes;  se comienza a pintar en retablos y tablas, también se lleva a cabo la ilustración de libros a partir de códices miniados.

 

Existen cuatro estilos de pintura: el francogótico, el italogótico, el flamenco, y la mezcla de estos, el gótico internacional. El flamenco introduce el paisaje y el retrato.

 

Todos estos elementos conjugados conformaron el arte Medieval y fueron también la base del  arte religioso. La iglesia se revistió de imágenes de carne de mármol y pintura en sus nenas. La figura humana se humanizó. Tomó elementos del arte antiguo y del arte de Jerusalén como son: la envoltura de los santos con un amplio velo que escondía sus cabellos y que aumentaba la gracia natural de las líneas del cuerpo; un ejemplo perfecto de este movimiento ondulante de telas y líneas del corporales se encuentra en la escultura de Santa María Egipcia[3] ; mientras que en la imagen de la virgen se encuentran elementos antiguos como: túnica, peinado, bucles laterales como las damas de Alejandría, además de la nobleza en la actitud.

 

La imagen de la virgen es de suma importancia en la religión durante la Edad Media, cabe recordar que el hombre medieval busca el reflejo de Dios en la naturaleza, y no hay personaje bíblico más representativo de las cualidades de la tierra fértil y fructífera que la virgen. Y es precisamente en su fertilidad donde recae su relación con lo divino, es la madre del Mesías: “… pero la figura que alcanza misteriosa grandeza es la de la virgen: sentada en un trono sostiene al niño, exactamente a la mitad de su pecho, a su derecha aparecen los magos, a su izquierda los pastores. Nunca tuvo una reina mayor majestad…”[4] Para comenzar el análisis de la obra bercereana cabe destacar que si hay en Los milagros de nuestra señora una manera favorita de representar a la virgen es como madre, o como reina:

 

                            Madre del Rey de Gloria, de los  Cielos Reína,

                            mane de la tu gracia alguna medicina;

                            libra de mal porfazo una mujer mezquina,

                            esto si tú quieres puede seer aína. [NC. 523]

 

                            Madre, por el amor del tu Fijo querido,

                            fijo tan sin embargo, tan dulz e tan complido,

                            non finque repoyada, esta merced te pido

                            ca veo que`m segundan  sobre grant apellido. [NC 524]

 

Existen numerosas imágenes donde la virgen se encuentra sosteniendo al niño Jesús entre sus brazos, lo que da a sus feligreses una imagen de madre protectora, por lo que no es de extrañarse que en los milagros de Berceo se le invoque de esta manera. Sin embargo, la imagen de reina le adjudica otro aspecto a la imagen de la virgen, la corona en su cabeza es el símbolo de una firmeza elegante; aspecto explotado por los artistas medievales al rescatar el orden jerárquico del cosmos, esto se puede ver en los sustantivos análogos como son templo o torre:

 

                   Reína coronada, tiemplo de castidad,

                   fuente de misericordia, torre de salvedad [NC 526]

 

No obstante que es de suponerse que la imagen de Jesús es más importante que la de la virgen, debido a su corte y ejemplar vida, así como su sufrimiento, es precisamente este sufrimiento el que le adjudica la misma importancia a la madre, así lo afirma Émile Mâle: “…La idea de una pasión de la virgen paralela a la de Jesucristo es una idea favorita para los másticos que no se separan nunca en su meditación a la madre del hijo… en el misterio de la pasión, Jesús y María no sólo están unidos, sino que ambos forman un solo ser… la compasión de la virgen es un eco que la pasión tiene en su pecho…”[5]

 

2.2. La exaltación de la virgen: la imagen de su pasión y su piedad

 

La imagen de la virgen es de suma importancia en la religión durante la Edad Media, cabe recordar que el hombre medieval busca el reflejo de Dios en la naturaleza, y no hay personaje bíblico más representativo de las cualidades de la tierra fértil y fructífera que la virgen. Y es precisamente en su fertilidad donde recae su relación con lo divino, es la madre del Mesías: “… pero la figura que alcanza misteriosa grandeza es la de la virgen: sentada en un trono sostiene al niño, exactamente a la mitad de su pecho, a su derecha aparecen los magos, a su izquierda los pastores. Nunca tuvo una reina mayor majestad…”[6] Para comenzar el análisis de la obra bercereana cabe destacar que si hay en Los milagros de nuestra señora una manera favorita de representar a la virgen es como madre, o como reina:

 

                            Madre del Rey de Gloria, de los  Cielos Reína ,

                            mane de la tu gracia alguna medicina;

                            libra de mal porfazo una mujer mezquina,

                            esto si tú quieres puede seer aína. [NC. 523]

 

                            madre, por el amor del tu Fijo querido,

                            fijo tan sin embargo, tan dulz e tan complido,

                            non finque repoyada, esta merced te pido

                            ca veo que`m segundan  sobre grant apellido. [NC 524]

 

Se trata pues de cómo lo diría Carmelo Gariano de “exaltar a la madre de Cristo”, y en la Edad Media existen numerosas imágenes donde la madre se encuentra sosteniendo al niño Jesús entre sus brazos, lo que da a sus feligreses una imagen de madre protectora, por lo que no es de extrañarse que en los milagros de Berceo se le invoque de esta manera. Por otra parte, la imagen de reina le adjudica otro aspecto a la imagen de la virgen, la corona en su cabeza es el símbolo de una firmeza elegante; aspecto explotado por los artistas medievales al rescatar el orden jerárquico del cosmos, esto se puede ver en los sustantivos análogos como son templo o torre:

 

                   Reína coronada, tiemplo de castidad,

                   fuente de misericordia, torre de salvedad [NC 526]

 

No obstante que es de suponerse que la imagen de Jesús es más importante que la de la virgen, debido a su corte y ejemplar vida, así como su sufrimiento, es precisamente este sufrimiento el que le adjudica la misma importancia a la madre, así lo afirma Émile Mâle: “…La idea de una pasión de la virgen paralela a la de Jesucristo es una idea favorita para los másticos que no se separan nunca en su meditación a la madre del hijo… en el misterio de la pasión, Jesús y María no sólo están unidos, sino que ambos forman un solo ser… la compasión de la virgen es un eco que la pasión tiene en su pecho…”[7]

 

2.3. El objetivo del hombre devoto medieval

 

Cuando se habla de María el caballero medieval se convierte en un devoto mariano. La salvación es pues el objetivo del hombre medieval y María es para él su mejor aliada, su intermediaria. Sin embargo, a pesar de que se tiene la imagen de la virgen como una madre comprensiva y noble,  Berceo pone en sus personajes requisitos que los delata como devotos: hacer reverencia y persignarse frente a su imagen, arrodillarse, postrarse frente a su imagen no importando si su acto siguiente es ir a fornicar o robar.

 

                            En esta abadesa yazié mucha bondad,

                            era de grand recabdo e de grand caridad

                            guiava su conviento de toda voluntad,

                            vivién segund la regla en toda onestat. [NC 506]

 

Pero la abbadesa cadió una vegada,

 

                            fIZO una locura que es mucho vedada;

                            pisó por su ventura yerva fuert enconada,

                            quando bien se catido fallóse. [NC 507]

 

Solo de esa forma la virgen está dispuesta interceder por su fervoroso creyente:

 

                        Díssoli la Glorisa: << Aforzad, abadessa,

                   bien estades comigo, non vos pongades quessa,

                   sepades que vos trayo una buena promessa,

                   mejor que non querrié la vuestra prioressa. [NC 531]

 

Por si fuera poco el buen Berceo remata con una moraleja o consejo al final de cada milagro, tratando de asegurar con esto la futura buena conducta del hombre cristiano:

 

                   La virgo bendicta, reína general,

                   como libró su toca de esti fuego tal,

                   asín libra sus siervos del fuego perennal,

                   liévalo a la Gloria do nunqua vean mal. [NC 329]

 

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[1] Gonzalo de Berceo. Los milagros de nuestra señora. Castalia(colección didáctica) Núm.39. Madrid. 1996.

[2] César González Ochoa. A lo invisible por lo visible. Imágenes del occidente medieval. UNAM. México. 1995.

[3]  Esta imagen se encuentra en el material anexo del libro de Émile Mâle. El arte religioso del siglo XIII al siglo XVIII. CFE. México 1966.

[4]  Ibidem, p.15.

[5]  Ibidem, p.100.

[6]  Ibidem, p.15.

[7]  Ibidem, p.100.